viernes, 26 de junio de 2009
El uno en percusión
Tata Guínes; maestro de la percusión
Junto a María Teresa Linares, Omara Portuondo, Roberto Valera y Digna Guerra, Arístides Soto “Tata Güines” fue merecedor igualmente del Premio Nacional de Música del año 2006. Distinción que para el Maestro de la percusión cubana representa “en primer lugar una gran sorpresa y al mismo tiempo algo muy emotivo, porque nunca en Cuba se le había otorgado un premio a la percusión. Por eso me sorprendió. Este es un reconocimiento al tambor y ello me hace sentir muy feliz”.
De origen humilde, Tata Güines tuvo como primer oficio el de zapatero. Posteriormente, ya con catorce años de edad, “un tío mío, relata, después de verme golpear un cajón, me enseñó a tocar el bajo. Pero realizadas algunas presentaciones en Güines, mi pueblo, sustituí el bajo por las tumbadoras”.
Fueron estos los inicios en la música de quien, después de probar suerte en distintas agrupaciones, tomó la sabia decisión de convertirse en solista para crear su propio ritmo. Ha patentado varios sonidos a su nombre y, por si fuera poco, introdujo el tambor en Orquestas Sinfónicas. Ganador de tres premios Grammy y merecedor de la Medalla Alejo Carpentier y de la Orden Félix Varela, Tata Güines continúa su larga y exitosa carrera artística dentro y fuera de Cuba.
¿Cuándo y quién bautizó a Arístides Soto con el nombre artístico de Tata Güines?
Me bautizaron con ese nombre en 1947 y me llamó así la única mujer que ha existido en Cuba cantante de son: Estela Rodríguez, hermana de Arsenio Rodríguez. Yo era integrante del conjunto que dirigía Arsenio y por aquella época a los músicos del interior del país se les llamaba por el nombre de su pueblo. Como yo era de Güines, pues nada, Tata Güines. Recuerdo que cuando hacía los solos de tumbadora por la radio, ella me anunciaba: “Cueros, Tata Güines” y así fue creciendo y extendiéndose ese nombre y con él he recorrido buena parte del mundo.
Muchas personas piensan que Güines es mi apellido y no el pueblo de la actual Provincia Habana donde nací. Pero se trata solamente de un nombre artístico que ni siquiera me puse yo.
A Usted se le atribuye una forma muy peculiar de tocar el tambor: las manos bien pegadas al cuero y con las uñas.
Me he pasado la vida creando sobre el cuero y la forma de tocar pegado y con las uñas fue una idea que se me ocurrió una noche de los años 50 mientras tocaba, en el cabaret Montmartre, un tema que se titulaba “La chancleta”. Tenía que imitar el sonido de una chancleta de palo y entonces, buscando ese sonido, comencé a tocar, a arañar con la punta de las uñas. A la gente le gustó, así que no me pareció mal y continué empleando esa técnica.
Esa forma de tocar tuvo y sigue teniendo gran aceptación. Todavía hoy cuando toco no falta quien me dice: “Tata, con las uñas”.
Además de ese sonido he creado otros. De ellos dicen los críticos que son únicos en el mundo. Son técnicas creadas por mí, porque en mi época, aunque existían algunas escuelas, mis padres no las podían pagar. Como tampoco contaban con recursos para costearme un profesor de música, algo tan usual en estos tiempos. Los únicos profesores que tuve eran los viejos que se ponían a tocar rumba todos los domingos en las cuatro esquinas y las enseñanzas que me dieron mi padre y mis tíos, quienes a su vez también habían aprendido música de oídas. Conocían varios instrumentos y así formaron un Septeto al que llamaron Partagás para buscar respaldo, no tanto financiero –porque aunque lo pedían a gritos nadie se los daba—sino más bien popularidad con el nombre de una fábrica de cigarros reconocida en el mundo entero.
En ese Septeto comencé a tocar y después con la orquesta Estrella naciente, de Güines. Tocaba inicialmente contrabajo, tumbadoras y bongoes. Pero poco a poco me fui inclinando por las tumbadoras de las que creo no me desprenderé nunca.
Gran parte de su carrera artística se desarrolló en Estados Unidos, ¿puede asegurarse que fue allí donde se definió como solista?
Esos años en Estados Unidos me fueron muy bien, con muchos éxitos y fue allí donde precisamente mi estilo se dio a conocer, cogió fuerza, se impuso y me consolidé como solista y como acompañante de grandes estrellas de la música internacional: Frank Sinatra, Nat King Cole… Allí también se me reconoció como primer percusionista y me llamaban Maestro o “manos de oro”. Pero debo decir la verdad: extrañaba mucho a mi Cuba. Yo estaba allá, pero a cada rato tenía que venir para estar con mi gente de las cuatro esquinas. Durante esos años aprendí que no hay lugar ni país, por mucho bienestar con que cuente, que pueda curar la depresión que se produce cuando uno está alejado de los suyos. Y eso fue lo que me ocurrió a mí. Por eso en el año 60 lo dejé todo y regresé para acá. No me importó desprenderme del lugar tan alto que había alcanzado en Estados Unidos. No me enorgullecía de aquella popularidad, de aquella fama. Mi orgullo era, y sigue siendo, estar aquí en Cuba, entre los míos, hablando el mismo idioma y disfrutando de ese sabor cubano que no se encuentra en ningún lugar del mundo.
¿Hacia dónde se dirigen en estos momentos los pasos de Tata?
En estos momentos estoy haciendo algunos conciertos, no con mucho rigor ni prisa, sino con calma, pausadamente, porque el cuerpo me está pidiendo reposo. Al mismo tiempo realizo distintas grabaciones para el exterior. Por ejemplo: meses atrás terminamos el disco Cuba le canta a Serrat. A principios del próximo año grabaremos el segundo disco con Diego Elcigala. El primero fue Lágrimas Negras con la participación de Bebo Valdés. Ahora estamos preparando ese segundo que inicialmente hemos pensado ponerle como título el nombre de un compositor cubano. En este interviene Rubalcaba en el piano y Changuito, entre otros músicos. Incluirá temas de Benny Moré y de otros compositores de su época.
Asimismo estoy preparando un disco con mis propios temas. A la par me preparo para una gira por varios países de África y para las giras –ya sistemáticas porque las hago casi todos los años—a España, Italia y Francia. A todo ello hay que sumar la atención que les brindo a mis alumnos, no solo a los que viven en Cuba, sino también a los residentes en el extranjero porque presto asesoría a distintas escuelas de percusionistas establecidas fuera de Cuba.
Precisamente a esos percusionistas de las nuevas generaciones, ¿qué mensaje les enviaría?
Que estudien mucho y oigan a los mayores. Que no se dejen influenciar por otros ritmos, casi todos pasajeros por mucho que quieran imponerse. Que continúen aprendiendo música cubana para que lleguen a conocer su valor y prestigio. Que si les gusta la percusión y la escogieron como carrera que culminen los estudios para que esta alcance todavía más realce. Muchos desconocen que justo es la percusión lo que distingue a la música cubana, la que la hace distinta a la música que se crea en el resto del mundo.
¿Qué sentimientos afloran en Tata Güines cuando le llaman Maestro?
Cuando me llaman Maestro lo percibo, pero no me llega mucho. Me considero un creador y muchos aseguran que soy un Maestro, pero por mucho que agradezco esas gentilizas, ninguno de estos calificativos me hacen feliz. Mi felicidad está en el saludo de la gente cuando voy por la calle, en el abrazo afectuoso de un amigo, en la sonrisa de una admiradora, en el aplauso del público, porque sigo siendo el mismo sencillo y humilde Arístides Soto. A esa gente que me quiere, que me llama Maestro le estoy muy agradecido. Es un agradecimiento sincero, eterno, como el que pudiera profesar quien sabe no es merecedor de tan alto elogio.
Junto a María Teresa Linares, Omara Portuondo, Roberto Valera y Digna Guerra, Arístides Soto “Tata Güines” fue merecedor igualmente del Premio Nacional de Música del año 2006. Distinción que para el Maestro de la percusión cubana representa “en primer lugar una gran sorpresa y al mismo tiempo algo muy emotivo, porque nunca en Cuba se le había otorgado un premio a la percusión. Por eso me sorprendió. Este es un reconocimiento al tambor y ello me hace sentir muy feliz”.
De origen humilde, Tata Güines tuvo como primer oficio el de zapatero. Posteriormente, ya con catorce años de edad, “un tío mío, relata, después de verme golpear un cajón, me enseñó a tocar el bajo. Pero realizadas algunas presentaciones en Güines, mi pueblo, sustituí el bajo por las tumbadoras”.
Fueron estos los inicios en la música de quien, después de probar suerte en distintas agrupaciones, tomó la sabia decisión de convertirse en solista para crear su propio ritmo. Ha patentado varios sonidos a su nombre y, por si fuera poco, introdujo el tambor en Orquestas Sinfónicas. Ganador de tres premios Grammy y merecedor de la Medalla Alejo Carpentier y de la Orden Félix Varela, Tata Güines continúa su larga y exitosa carrera artística dentro y fuera de Cuba.
¿Cuándo y quién bautizó a Arístides Soto con el nombre artístico de Tata Güines?
Me bautizaron con ese nombre en 1947 y me llamó así la única mujer que ha existido en Cuba cantante de son: Estela Rodríguez, hermana de Arsenio Rodríguez. Yo era integrante del conjunto que dirigía Arsenio y por aquella época a los músicos del interior del país se les llamaba por el nombre de su pueblo. Como yo era de Güines, pues nada, Tata Güines. Recuerdo que cuando hacía los solos de tumbadora por la radio, ella me anunciaba: “Cueros, Tata Güines” y así fue creciendo y extendiéndose ese nombre y con él he recorrido buena parte del mundo.
Muchas personas piensan que Güines es mi apellido y no el pueblo de la actual Provincia Habana donde nací. Pero se trata solamente de un nombre artístico que ni siquiera me puse yo.
A Usted se le atribuye una forma muy peculiar de tocar el tambor: las manos bien pegadas al cuero y con las uñas.
Me he pasado la vida creando sobre el cuero y la forma de tocar pegado y con las uñas fue una idea que se me ocurrió una noche de los años 50 mientras tocaba, en el cabaret Montmartre, un tema que se titulaba “La chancleta”. Tenía que imitar el sonido de una chancleta de palo y entonces, buscando ese sonido, comencé a tocar, a arañar con la punta de las uñas. A la gente le gustó, así que no me pareció mal y continué empleando esa técnica.
Esa forma de tocar tuvo y sigue teniendo gran aceptación. Todavía hoy cuando toco no falta quien me dice: “Tata, con las uñas”.
Además de ese sonido he creado otros. De ellos dicen los críticos que son únicos en el mundo. Son técnicas creadas por mí, porque en mi época, aunque existían algunas escuelas, mis padres no las podían pagar. Como tampoco contaban con recursos para costearme un profesor de música, algo tan usual en estos tiempos. Los únicos profesores que tuve eran los viejos que se ponían a tocar rumba todos los domingos en las cuatro esquinas y las enseñanzas que me dieron mi padre y mis tíos, quienes a su vez también habían aprendido música de oídas. Conocían varios instrumentos y así formaron un Septeto al que llamaron Partagás para buscar respaldo, no tanto financiero –porque aunque lo pedían a gritos nadie se los daba—sino más bien popularidad con el nombre de una fábrica de cigarros reconocida en el mundo entero.
En ese Septeto comencé a tocar y después con la orquesta Estrella naciente, de Güines. Tocaba inicialmente contrabajo, tumbadoras y bongoes. Pero poco a poco me fui inclinando por las tumbadoras de las que creo no me desprenderé nunca.
Gran parte de su carrera artística se desarrolló en Estados Unidos, ¿puede asegurarse que fue allí donde se definió como solista?
Esos años en Estados Unidos me fueron muy bien, con muchos éxitos y fue allí donde precisamente mi estilo se dio a conocer, cogió fuerza, se impuso y me consolidé como solista y como acompañante de grandes estrellas de la música internacional: Frank Sinatra, Nat King Cole… Allí también se me reconoció como primer percusionista y me llamaban Maestro o “manos de oro”. Pero debo decir la verdad: extrañaba mucho a mi Cuba. Yo estaba allá, pero a cada rato tenía que venir para estar con mi gente de las cuatro esquinas. Durante esos años aprendí que no hay lugar ni país, por mucho bienestar con que cuente, que pueda curar la depresión que se produce cuando uno está alejado de los suyos. Y eso fue lo que me ocurrió a mí. Por eso en el año 60 lo dejé todo y regresé para acá. No me importó desprenderme del lugar tan alto que había alcanzado en Estados Unidos. No me enorgullecía de aquella popularidad, de aquella fama. Mi orgullo era, y sigue siendo, estar aquí en Cuba, entre los míos, hablando el mismo idioma y disfrutando de ese sabor cubano que no se encuentra en ningún lugar del mundo.
¿Hacia dónde se dirigen en estos momentos los pasos de Tata?
En estos momentos estoy haciendo algunos conciertos, no con mucho rigor ni prisa, sino con calma, pausadamente, porque el cuerpo me está pidiendo reposo. Al mismo tiempo realizo distintas grabaciones para el exterior. Por ejemplo: meses atrás terminamos el disco Cuba le canta a Serrat. A principios del próximo año grabaremos el segundo disco con Diego Elcigala. El primero fue Lágrimas Negras con la participación de Bebo Valdés. Ahora estamos preparando ese segundo que inicialmente hemos pensado ponerle como título el nombre de un compositor cubano. En este interviene Rubalcaba en el piano y Changuito, entre otros músicos. Incluirá temas de Benny Moré y de otros compositores de su época.
Asimismo estoy preparando un disco con mis propios temas. A la par me preparo para una gira por varios países de África y para las giras –ya sistemáticas porque las hago casi todos los años—a España, Italia y Francia. A todo ello hay que sumar la atención que les brindo a mis alumnos, no solo a los que viven en Cuba, sino también a los residentes en el extranjero porque presto asesoría a distintas escuelas de percusionistas establecidas fuera de Cuba.
Precisamente a esos percusionistas de las nuevas generaciones, ¿qué mensaje les enviaría?
Que estudien mucho y oigan a los mayores. Que no se dejen influenciar por otros ritmos, casi todos pasajeros por mucho que quieran imponerse. Que continúen aprendiendo música cubana para que lleguen a conocer su valor y prestigio. Que si les gusta la percusión y la escogieron como carrera que culminen los estudios para que esta alcance todavía más realce. Muchos desconocen que justo es la percusión lo que distingue a la música cubana, la que la hace distinta a la música que se crea en el resto del mundo.
¿Qué sentimientos afloran en Tata Güines cuando le llaman Maestro?
Cuando me llaman Maestro lo percibo, pero no me llega mucho. Me considero un creador y muchos aseguran que soy un Maestro, pero por mucho que agradezco esas gentilizas, ninguno de estos calificativos me hacen feliz. Mi felicidad está en el saludo de la gente cuando voy por la calle, en el abrazo afectuoso de un amigo, en la sonrisa de una admiradora, en el aplauso del público, porque sigo siendo el mismo sencillo y humilde Arístides Soto. A esa gente que me quiere, que me llama Maestro le estoy muy agradecido. Es un agradecimiento sincero, eterno, como el que pudiera profesar quien sabe no es merecedor de tan alto elogio.
martes, 23 de junio de 2009
¡EL SULTANCITO!
FELIZ DIA DE LOS ABUELOS


+
Creo realmente que lo que necesita un artista, es poder demostrar sus cualidades ante un público sin elecciones. Y digo esto porque el pasado viernes 19 de junio, DIA DE LOS ABUELOS, fuimos a cantar a dos centros de salud en donde el espectador era mayor de 60 años.
Siempre me van a tener que disculpar por no dar el lugar o espacio físico de nuestras actuaciones, porque creo que eso carece de relevancia y sí, prima lo que brindamos, que lo hacemos con el corazón.
Y lo que si no nos olvidamos, fue de sacar algunas fotografías.
miércoles, 17 de junio de 2009
miscelania
Como forma de pagar las deudas graficas de este blog, he aquí una serie de fotos que quedaron en el tintero.
Allí, en una de ellas, está Darwin nuestro manager y productor en su casa de la localidad de El Tala en el departamento de Canelones.
Mi seriedad sobre el escenario tocando las tumbadoras, la cara de Julio, los arreglos en el audio al comienzo de cada actuación y otras fotos sueltas, en donde también está un re contra y querido amigo; “El Mathi” acostado junto a su “nona”.
Buscando el barrio aquel
Buscando el barrio aquel
Conventillo demolido.
Como un gigante descalzo,
Quedó en el tiempo dormido.
Puedo escuchar en el viento,
Aquel rítmico chas chás…
En un lamento que dice,
Y mi gente en donde está,
En donde está.
La garganta del tambor,
Es el grito de mi raza,
Las fogatas son la sangre
Y mis manos la esperanza.
Esta letra pertenece a uno de esos momentos en que a uno le cae la “ficha”, por intentar dejar algo como legado, aunque más no sea en las líneas de un poema luego transformado en canción.
La letra está referida al desalojo y demolición del conventillo Medio Mundo y la distribución de todos sus habitantes a otras zonas de la ciudad de Montevideo.
La música es de VOCES DEL SUR y el humilde texto fue fruto de mi inspiración en una de esas noches, garabateando papeles sobre una mesa de hormigón en la ciudad de Fray Bentos.
lunes, 15 de junio de 2009
Un grande con nosotros


A decir verdad, estamos en deuda con este blog que fuera creado no solamente para mostrarle al mundo que desde este pequeño país, existen personas que hacen de la cultura su forma de vida, en nuestro caso, lo elevamos con la música.
Pero decía que estábamos en deuda, ya que hemos participado en una serie de festivales de los cuales no pudimos informar a tiempo.
Pero además queremos informar que desde hace un mes, integra nuestro querido grupo, uno de los más grandes percusionistas que tiene nuestro país, y me estoy refiriendo al Sr. YAMANDU PEREZ.
Quien no escuchó hablar de este gran músico, lamento decirle que nada sabe de música, ya que este “muchachón” con 50 años sobre los escenarios, integró bandas de rock tales como GENESIS y MOONLHAI (creo que se escribe así).
Pero una vez instalado lo que se denominó canto popular nacional, formó e integro el grupo PARECERES, junto a Carlos Rodríguez y Jorge Do Prado y luego con un gran cantautor “Rulo” Nieves, hasta que el grupo se disolvió.
Pero YAMANDU PEREZ grabó todos los discos del canto popular uruguayo, basta solo con mirar las contratapas de discos y CD en donde figura su nombre.
Uno de los intérpretes que lo tuvo al PEREZ dentro de su banda fue el recordado PABLO ESTRAMIN hasta sus últimos días.
Hablar de este músico es tener que teclear varias páginas y quedaríamos cortos en verdad.
Pero ahora está con nosotros, con VOCES DEL SUR y nos sentimos orgullosos de contar con todo su conocimiento y aporte musical.
Bueno queridos lectores, por lo menos tenemos re buenas noticias para agregar en este blog.
En las fotos podemos ver al “YAMA” en mi cumple con Julio Delia de (VOCES DEL SUR), C
En la siguiente con PARECERES, y las dos restantes con la banda del PABLO ESTRAMIN.
Un abrazo enorme a todos y prometemos las fotos de cada escenario de aquí en más.
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